Parque Nacional Baritú: selva tropical de Salta

Un patrimonio natural de relieve escabroso surcado por ríos torrentosos en verano, vegetación verde y tan diversa como la fauna. En Salta, la selva tropical invita a descubrirla.

Una verdadera inmensidad con profundo olor a hojas y a tierra mojada. Un lugar casi inaccesible para el sol por la densa flora, y para el hombre por su magnitud desconocida. Así es el Parque Nacional Baritú, donde la selva tropical alcanza su máxima expresión y la naturaleza virgen se regocija en sus ejemplares únicos.

Con 72.000 hectáreas, Baritú es el único parque tropical de la Argentina por la influencia del Trópico de Capricornio, y es considerado una de las reservas mejor protegidas del mundo, ya que está rodeado de una serie de accidentes geográficos que hacen muy difícil el acceso a este magnífico territorio verde. El parque está naturalmente cerrado por cuatro cadenas montañosas: al norte se ubica la Sierra del Porongal, al este la serranía de Las Pavas -de 2000 metros sobre el nivel del mar-, al sur el Cerro Negro y las sierras del Río Pescado, y al oeste las serranías de los Cinco Picachos, de 1900 metros sobre el nivel del mar.

En el silencio profundo del Parque Nacional Baritú se puede escuchar hasta la caída de una hoja sobre la tierra húmeda. En un ambiente que permanece impregnado de intensos aromas verdes es donde la vegetación, más densa y tropical, se desarrolla plenamente.

Aquí crecieron sin riesgos árboles que alcanzaron gran talla como cebiles, nogales, cedros, quinas, afatas, palos amarillos y tipas blancas que alternan con arrayanes, guayabos, matos y helechos arborescentes, que resultan impresionantes a la vista.

A pesar de la escasa luz solar que entra, abundan los bosques de lapachos que expresan todo el colorido en sus racimos de flores rosadas, blancas y amarillas. El suelo y los troncos de los árboles de la reserva están salpicados de orquídeas azules, fucsias, blancas y amarillas, y muchos otros tonos vivos.

No faltan las lianas y enredaderas de tamaños increíbles y las pequeñas junglas de apretados cañaverales. Entre los árboles raros que tiene el parque, se destaca el ficus maroma, conocido como “el árbol asesino” porque sus largos tallos se envuelven en los troncos de otros árboles en tantas vueltas que terminan por ahogarlos y a veces, hasta los arrancan. El parque se ha convertido en un sagrario perenne de la flora y la fauna, para que las generaciones futuras puedan recrear su espíritu en la contemplación de la naturaleza virgen.