Conocer Milán en un par de días

Una de las mayores razones para conocer la ciudad de Milán es su gran conectividad. A sus tres aeropuertos (Malpensa, Linate y Orio al Serio) se puede llegar desde cualquier destino europeo en solo un par de horas y con tarifas muy económicas; sus trenes de alta velocidad lo conectan con toda Italia, y los medios de transporte públicos dentro de la urbe funcionan con una exactitud apacible.
 
La ciudad de la moda y el diseño, tiene atracciones que vale la pena descubrir aparte del turismo de compras:
 

1. El Duomo y la Galería Vittorio Emanuele

 
La catedral de la ciudad es realmente imponente. Hay recorridos para visitarla por tan solo 2 euros. También se puede subir hasta su terraza y ver la increíble panorámica del centro de la ciudad. Por escalera cuesta 7 euros, por ascensor 12. Es sin duda el monumento más importante de Milán y su construcción llevó más de cinco siglos. Es recomendable hacer un tour con una guía turística para interiorizarse de todos los detalles arquitectónicos que la dibujan. Es preferible ir temprano a la mañana para evitar las largas colas.
 
 
 
Justo al frente del Duomo está la Galería Vittorio Emanuele, sin dudas una de las más preciosas del mundo entero. Dentro de ella se encuentran tiendas de los principales diseñadores italianos, un hotel 7 estrellas y el famoso toro diseñado en el piso, con un agujero en sus testículos, al cual dice la creencia popular, hay que apoyar el talón y hacer tres giros para tener buena suerte.
 
En una de sus salidas, se puede acceder a la Piazza della Scala, donde se encuentra el mítico teatro.
 

2. De Piazza della Scala a la Pinacoteca de Brera

 
El centro histórico de Milán no tiene desperdicio. El Palacio Marino, San Fedele, la Casa de los Omenomi, Piazza Belgioioso o el Museo Poldi Pezzoli (donde se encuentran obras de Botticelli), forman un pequeño itinerario a recorrer, entre la calles antiguas de la ciudad, con su ajetreo cosmopolita y su pasado renacentista.
 
En Brera, la principal casa de altos estudios de arte del país, se pueden encontrar las obras de arte más destacadas de Italia. La entrada cuesta 10 euros y una guía 5 más. Entre estudiantes, turistas y bohemia, el barrio es una atmósfera de ensueño. El palacio tiene además de un hermoso jardín botánico. En su sitio web se pueden hacer visitas guiadas gratis los sábado pero con reserva previa.
 
 

3. Parque Sempione y Castillo Sforzesco

 
Otras de las opciones partiendo del Duomo es seguir la peatonal de Via Dante e ir hacia el Parque Sempione, que se encuentra detrás del Castello Sforzesco, uno de los castillos más grandes y más lindos de toda Italia. Adentro hay 7 museos y los viernes el ingreso es gratis de las 14 a las 17:30, aunque el costo para visitarlo es muy bajo: 3 euros. El castillo fue bombardeado en la II Guerra Mundial y luego reconstruido.
 
Atravesándolo se llega al Parque Sempione, uno de los pulmones verdes de la ciudad, lleno de vida, jóvenes y naturaleza, sobre todos los sábados que es cuando los milaneses acuden a él para pasar el día. La postal del Arco de la Paz (que está alineado con el Arco del Triunfo de París) es ideal para una pausa.
 
 

4. La Da Vinci manía

 
Imposible pasar por Mián y no visitar “La última cena” o Cenaolo, como le dicen en italiano. Hay que reservar los pases con un poco de tiempo en su sitio web, y la experiencia es propia de una aventura de James Bond. Para preservarla, la han aislado a través de mecanismos de puertas que se abren y cierran para mantener la temperatura y la humedad de la iglesia.
 
La iglesia en cuestión se llama Santa María de la Grazia es patrimonio de la Unesco y es el ambiente ideal para conocer no solo la obra de Leonardo Da Vinci, uno de los artistas más importantes del mundo, sino todo el misterio que lo rodea. Historias de intrigas, misterios y códigos secretos alientan el mito urbano.

 

5. El Naviglio

 
El canal navegable proyectado por Leonardo Da Vinci, no tuvo la misma suerte que en Venecia. Sin embargo, hoy el Naviglio es una de las características de la ciudad de Milán, sobre todo cuando se tiene ganas de disfrutar de un apertivo, una de las costumbres más apetitosas de los milaneses. Por la compra de una cerveza o un spritz, se puede acceder a comer todo lo que uno pueda. 
 
 
 
Por un lado el Naviglio Grande y por el otro, el Naviglio Pavese, te harán perder por callecitas con mucha historia, ateliers, bares y restaurantes de todos los tipos, inclusive uno que vende empanadas argentinas. La Dársena es un punto de encuentro neurálgico de la ciudad, y lo que organiza estos ríos artificales que en alguna época, llegaban hasta el Lago de Como.
 
Graffitis, galerías, librerías, Puerta Ticinese, Puerta Genova y las Columnas de San Lorenzo, recuerdan el pasado medieval y romano de esta ciudad hoy industrial, pujante y posmoderna.
Si te quedas con ganas de más podes visitar la Triennale de Milano, epicentro del diseño; Porta Venecia y Corso Buenos Aires (ideal para hacer compras) bautizado así por la ciudad que dio cobijo a la gran cantidad de inmigrantes que se fueran de Italia en el período de guerras; el Museo de Historia Natural o Porta Nuova, la resignificación urbanística más importante de la ciudad con edificios futuristas y departamentos con jardines verticales

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